DESPERTEMOS DEL SUEÑO DEL 68

educacionReflexionaba Esperanza Aguirre hace unos días sobre la crisis fundamental en que se ha instalado una cierta izquierda, que tras el derrumbamiento de los mitos marxistas vive instalada en las ruinas del mayo del 68.

La presidenta de la Comunidad de Madrid ponía una especial atención en los ecos destructivos que los mitos del 68 siguen teniendo sobre nuestro sistema educativo.

El mito del 68 en la educación planteará negar que la enseñanza tenga que forjar el carácter o proporcionar a las nuevas generaciones un aprendizaje de la cultura del esfuerzo, de la superación de uno mismo y de la responsabilidad hacia los propios actos. Todo esto aparecía para los utópicos revolucionarios del 68, luego reconvertidos en burgueses instalados en lo económico pero con mentalidad progre, ha conducido -citamos a Esperanza Aguirre- a un programa de ingeniería social basado en “la desaparición del papel del profesor como autoridad, en la eliminación de las calificaciones y de los exámenes para evitar traumas a los alumnos, o en la consideración de la transmisión del saber como algo secundario frente a la transmisión de valores o adoctrinamiento”

Las sucesivas reformas socialistas del sistema educativo español han sido, habitualmente y con contadas excepciones, poner en práctica esa imagen de la educación como liberación de las pesadas ataduras de la realidad. De lo que se trata no es de ser mejor persona, mejor ciudadano, de ser mejor… Sino simplemente de sentirse bien. Y para facilitar sentirse bien lo que se hace es eliminar cuanto pueda incomodar a los alumnos.

El sistema educativo catalán no ha sido ajeno a esta transformación, pues durante los años de gobierno de Jordi Pujol, CiU cedió a la izquierda el discurso educativo, con la única salvedad de garantizar la autonomía de los centros concertados. Fue un pacto político por el que la izquierda catalana -dominante en los sindicatos de profesores de enseñanza obligatoria, no así en la secundaria- tenía el monopolio del discurso pedagógico a cambio de aceptar, por su parte, el discurso nacionalista en materia de lengua e identidad nacional. El resultado ha sido devastador para nuestras escuelas públicas. Y los resultados demuestran un deterioro progresivo en sus resultados. Eso si, un deterioro homogéneo y equitativo: es decir, igualitarismo en la mediocridad.

Para una sociedad como la catalana que no tiene materias primas como recurso natural del que valerse, renunciar a la excelencia y la generación de capital humano es ponerse en camino hacia el desastre.

Por otra parte el igualitarismo resulta falso en la medida en que el fracaso del sistema educativo público perjudica sobre todo a las clases más modestas. Las clases medias y altas escapan del desastre por medio de la escuela concertada y de la escuela privada.

Lo sensato sería, como propone el Partido Popular de Cataluña, mejorar la escuela pública tomando como referencia lo que funciona; es decir, la cultura de responsabilidad y de esfuerzo de la escuela concertada y de la escuela privada. Pero eso exigiría, para empezar, no sólo poner más medios, pues hay países que gastan menos que nosotros y consiguen resultados mucho mejore, como es el caso de Finlandia. Lo que tendríamos que hacer es cambiar la cultura educativa, dejando atrás los aspectos más negativos de la utopía del 68.

Pero eso pasa por cambiar una cultura burocrática, que no piensa en términos de rendimiento, de resultados o de gestión, a una cultura más sensible a devolver a la sociedad lo que la sociedad gasta con sus recursos en la educación pública.

Los problemas sólo se podrán afrontar si la izquierda y los nacionalistas rompen su sumisión a los intereses corporativistas que quieren mantener la escuela pública congelada los sueños del 68. Es hora de despertar y cuanto más tardemos más difícil afrontar los desafíos a los que nos enfrentamos.

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3 comentarios

  1. Nos pasaríamos los días enteros hablando de educación y buscando soluciones a su degradación actual y hablaríamos poco.
    La mayor riqueza de un país es la valía de sus habitantes.
    Lo vamos a lograr porque vamos a trabajar duramente en ello y con toda la ilusión del mundo.

    • Con todas las personas que hablo -elisabeth- coinciden en que la educación es fundamental. Y mira como la dejan nuestros poderes publicos. Saludos y encantado de v erte por aqui otra vez.

  2. La encantada y agradecida soy yo. Un fuerte abrazo.

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