EL CASO GüRTEL

En nuestro caso también hay una conjura, aunque no va precedida de un asesinato.

En nuestro caso también hay una conjura, aunque no va precedida de un asesinato.

De La Vega pide al PP una explicación razonable de los sucesos relativos a la operación Gurtel.

 

No existe, porque para usted ninguna explicación será razonable; el gobierno y por ende el PSOE no tienen absolutamente ningún interés en la aclaración de todo este asunto de jueces y ministros cazadores antes de unas elecciones, de filtraciones del sumario a periódicos y presunciones de culpa contra derecho.

 

Hemos de ser conscientes en el PP que estamos ante un gobierno con pocos escrúpulos y con una gestión económica y social lamentable, tras el fracaso en las elecciones autonómicas de Galicia son conscientes de que se enfrentan para las elecciones europeas a un más que posible castigo electoral y por ello usarán todas sus capacidades de manipulación para ilegitimizar al PP como institución.

 

No la quiere esta aclaración señora Vicepresidenta, porque lo que realmente le interesa al PSOE en mantener viva hasta las elecciones la duda sobre la honorabilidad de todos los miembros del PP y poder usar los medios afines para dar sensación al electorado de corrupción generalizada en el PP.

 

Nosotros ante esta situación tenemos que mantener la calma y no entrar en su maquiavélico juego, lo que tenga que suceder requerirá previamente una resolución judicial que aclare la realidad de lo acontecido, y cuando todo quede aclarado el PP sabrá, como siempre ha hecho, tomar las decisiones y dar los pasos que sean justos y legítimos tanto a nivel interno como frente a los que hayan podido lanzar insidias y mentiras.

 

En nuestro ámbito como militantes tenemos que explicar a propios y ajenos que las acusaciones no son hechos. Y que no se pueden tomar decisiones sobre personas e instituciones basadas en informaciones viciadas de interés partidista cuando, con casi total probabilidad, están fundamentadas en mentiras.

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DESPERTEMOS DEL SUEÑO DEL 68

educacionReflexionaba Esperanza Aguirre hace unos días sobre la crisis fundamental en que se ha instalado una cierta izquierda, que tras el derrumbamiento de los mitos marxistas vive instalada en las ruinas del mayo del 68.

La presidenta de la Comunidad de Madrid ponía una especial atención en los ecos destructivos que los mitos del 68 siguen teniendo sobre nuestro sistema educativo.

El mito del 68 en la educación planteará negar que la enseñanza tenga que forjar el carácter o proporcionar a las nuevas generaciones un aprendizaje de la cultura del esfuerzo, de la superación de uno mismo y de la responsabilidad hacia los propios actos. Todo esto aparecía para los utópicos revolucionarios del 68, luego reconvertidos en burgueses instalados en lo económico pero con mentalidad progre, ha conducido -citamos a Esperanza Aguirre- a un programa de ingeniería social basado en “la desaparición del papel del profesor como autoridad, en la eliminación de las calificaciones y de los exámenes para evitar traumas a los alumnos, o en la consideración de la transmisión del saber como algo secundario frente a la transmisión de valores o adoctrinamiento”

Las sucesivas reformas socialistas del sistema educativo español han sido, habitualmente y con contadas excepciones, poner en práctica esa imagen de la educación como liberación de las pesadas ataduras de la realidad. De lo que se trata no es de ser mejor persona, mejor ciudadano, de ser mejor… Sino simplemente de sentirse bien. Y para facilitar sentirse bien lo que se hace es eliminar cuanto pueda incomodar a los alumnos.

El sistema educativo catalán no ha sido ajeno a esta transformación, pues durante los años de gobierno de Jordi Pujol, CiU cedió a la izquierda el discurso educativo, con la única salvedad de garantizar la autonomía de los centros concertados. Fue un pacto político por el que la izquierda catalana -dominante en los sindicatos de profesores de enseñanza obligatoria, no así en la secundaria- tenía el monopolio del discurso pedagógico a cambio de aceptar, por su parte, el discurso nacionalista en materia de lengua e identidad nacional. El resultado ha sido devastador para nuestras escuelas públicas. Y los resultados demuestran un deterioro progresivo en sus resultados. Eso si, un deterioro homogéneo y equitativo: es decir, igualitarismo en la mediocridad.

Para una sociedad como la catalana que no tiene materias primas como recurso natural del que valerse, renunciar a la excelencia y la generación de capital humano es ponerse en camino hacia el desastre.

Por otra parte el igualitarismo resulta falso en la medida en que el fracaso del sistema educativo público perjudica sobre todo a las clases más modestas. Las clases medias y altas escapan del desastre por medio de la escuela concertada y de la escuela privada.

Lo sensato sería, como propone el Partido Popular de Cataluña, mejorar la escuela pública tomando como referencia lo que funciona; es decir, la cultura de responsabilidad y de esfuerzo de la escuela concertada y de la escuela privada. Pero eso exigiría, para empezar, no sólo poner más medios, pues hay países que gastan menos que nosotros y consiguen resultados mucho mejore, como es el caso de Finlandia. Lo que tendríamos que hacer es cambiar la cultura educativa, dejando atrás los aspectos más negativos de la utopía del 68.

Pero eso pasa por cambiar una cultura burocrática, que no piensa en términos de rendimiento, de resultados o de gestión, a una cultura más sensible a devolver a la sociedad lo que la sociedad gasta con sus recursos en la educación pública.

Los problemas sólo se podrán afrontar si la izquierda y los nacionalistas rompen su sumisión a los intereses corporativistas que quieren mantener la escuela pública congelada los sueños del 68. Es hora de despertar y cuanto más tardemos más difícil afrontar los desafíos a los que nos enfrentamos.

Las culpas de la ministra

2009-01-09-barajas

Ante el monumental caos de Barajas, y desde Barajas los grandes aeropuertos españoles, antes de irse la nieve, salen las declaraciones.

No me ha sorprendido el trabucazo de culpas, y culpables de la Ministra de Fomento. La culpa es de la Comunidad de Madrid; la culpa –también- es del Ayuntamiento; la culpa de la Agencia Nacional de Meteorología, y con la boca más pequeña la culpa es mía, de mi Ministerio, el Ministerio de Fomento.

Me ha extrañado que en el rosario de culpables del caos de Barajas no figurase San Pedro. Claramente se le ha olvidado a la Sra. Ministra, mencionar a este Santo. Puede que no sea santo de su devoción. Me sabe mal darle ideas, porque si la culpa la tiene San Pedro quizás hubiera podido pedirle la Sra. Ministra la dimisión. ¡Nos habríamos reído de buena gana, que buena falta nos hace!

Llama la atención esto de las culpas. Es la utilización política de las culpas. ¡Nadie quiere ser culpable, y menos un político! En nuestra querida España, como la política lo es todo, si pasa algo la culpa la debe de tener algún político. En contestación, el político dice: no tengo la culpa; o la culpa es de todos; o la culpa es del otro. En fin, no hay desgracia natural o artificial, donde no nos saquemos las pulgas de encima.

Todos nos damos cuenta que esto de las culpas es un tema muy complejo. Sobre todo, porque detrás de las culpas vienen las responsabilidades, y –a veces- la petición de dimisiones. Y ahí esta el quid. Cómo la Ministra no quiere que la dimitan, ni le pidan la dimisión: culpas fuera.

Me parece que algunas veces no hay que buscar culpas ni culpables, sino aprender las lecciones –a veces las da la naturaleza- y procurar enmendar. Pretender la seguridad total, o el riesgo cero, es sencillamente imposible. Quizás deberíamos –políticos o no políticos- empezar por reconocer que es más útil buscar soluciones, que culpables. Pero ya se ve que este es un deseo casi imposible.